Alguien escribió que el hombre es la medida de sus sueños. Si esa frase es cierta, y puesto que soñar es gratis, engrasemos la maquinaria de los sueños y echemos a volar la imaginación. Imaginemos la compañía femenina ideal para disfrutar de una velada, una cena, un evento al que desearíamos acudir acompañados. ¿Con qué características adornaríamos a esa compañía femenina? Sin duda nos gustaría contemplar en esa acompañante el rostro bello y atractivo de una sofisticada, elegante y, al mismo tiempo, cercana fémina que, con la simple mirada, fuera capaz de despertar en nosotros el deseo infructuoso de parar el tiempo.

La mirada de esa mujer soñada tendría un algo de caricia y un poco de reto, tres gramos de dulzura y cuatro de provocación. Sería, sin duda, una mirada entreverada de promesas, una mirada que, más que mirada, sería algo así un como un sorbo de afrodisíaco, una incitación al deseo.

En esa mirada, también, veríamos reflejada la clase y el saber estar de quien, siendo consciente de su atractivo, sabría, sin duda, comportarse con la elegancia y la discreción de una gran dama, de una de esas mujeres que, irremediablemente, convierten al hombre que las acompaña en el ser más envidiado en cualquier tipo de reunión, en cualquier acontecimiento social. Por su conversación, por su modo de hilvanar los temas, por el modo de adornar cualquier pequeño comentario con ese algo impalpable pero siempre perceptible que se llama “gracia”, esa mujer sería algo así como el crisol en el que fundirían todos los sueños que alguna vez hubiéramos tenido sobre lo podríamos llamar la mujer perfecta, aquélla que, estando a nuestro lado, nos haría sentir maravillosamente afortunados, protagonistas únicos del inicio de una aventura que, intuiríamos, estaría destinada a proporcionarnos todos aquellos placeres que siempre habríamos asociado a la idea del goce sexual.

Y es que esa mujer que ha acudido a nuestra imaginación cuando hemos decidido liberarla y echarla a volar no es sólo una dama en lo social. Esa mujer es, también, la encarnación tentadoramente demoníaca de la más absoluta desinhibición sexual. Es la amante sin tabúes, la curiosidad derramándose por el lecho, el ansia de experimentar, la búsqueda incansable de nuevas prácticas.

Extasiados en ese pensamiento, arrastrados por la deriva lúbrica de nuestro imaginar, cegados de deseo, comenzamos a dejarnos arrastrar por el desánimo y nos decimos en voz baja que esas mujeres no existen, que hay sueños que sobrepasan la medida del hombre. Es entonces cuando nos llega la voz experimentada de los hombres que saben de qué va la vida, el consejo sabio de caballeros que saben por experiencia que no siempre los sueños son utopías y que nos cuentan que, a veces, esos sueños se hacen carne y habitan entre nosotros.

Es entonces cuando escuchamos hablar de las escorts, mujeres que son, simple y llanamente, la plasmación carnal de lo que siempre soñamos. Esos hombres sabios que vienen de vuelta de mil experiencias y que guardan dentro de sí el recuerdo de muchos instantes de placer nos cuentan cómo las chicas de compañía atesoran todas esas características con las que habíamos adornado a nuestra mujer soñada: glamour, sensualidad, discreción, elegancia y, por supuesto, lujuria. Lujuria a raudales. Lubricidad sin freno. Pasión desencadenada.

Todo eso, nos dicen esos hombres, aporta la escort. Todo eso, y mucho más, traen bajo el brazo las prostitutas de lujo cuando, bien sean independientes, bien trabajen para una agencia, se citan con nosotros en un cuarto de hotel, en nuestro domicilio, en su propio apartamento o en el cómodo y discreto espacio que las agencias de escorts ponen a disposición de los hombres que, como nosotros, deseamos convertir en realidad los húmedos y encendidos sueños que creíamos irrealizables junto a una mujer que, además de sexo, nos ofrezca un servicio completo de compañía

Buscadores de experiencias que nos hagan trascender el estrés de nuestro día a día, la rutina de un deseo que tal vez se adormeció por falta de uso, las callgirls son las luciérnaga sque, brillando en mitad de la noche, nos encandilan con su luz y nos muestran el camino para encontrar lo que siempre buscamos, esa experiencia reveladora que nos descubrirá hasta qué punto el estallido del placer erótico en brazos de una chica de compañía de lujo se puede asemejar a una experiencia de carácter místico.

Y es que, de la misma manera que alguien escribió que el hombre es la medida de sus sueños, también alguien dejó escrito que, en el momento del orgasmo, cualquiera tiene derecho a compararse a Dios. Y, sin duda, y eso también nos lo hicieron ver los hombres sabios y experimentados, el orgasmo en brazos de una escort de lujo vale por bastante más que por un orgasmo. Ese instante, siendo sin duda la expresión de un desahogo físico, es el punto que culmina una aventura en la que se combinan, como hemos apuntado, la elegancia, la sensualidad, la dulzura, la simpatía, la empatía y, por supuesto, la lujuria.

Y por favor, no las llames «Putas» o «Putas de lujo» porque son las ninfas que te van a elevar al cielo. Si eres Gironí o estás de paso por Girona o la Costa Brava, podrás encontrarlas en GirlsBCN aunque no hay muchas y para encontrar un buen surtido mejor busques una escort en Barcelona o una escort en Madrid, ya se sabe, en las grandes ciudades encuentras de todo.

Y hasta aquí este relato, esperemos que te haya llamado la atención y te decidas conocer a una callgirl preciosa y cariñosa que te saque de la rutina diaria … la vida son cuatro días y tienes que aprovecharlos al máximo posible.